Will Graham

Will Graham

Will Graham es pastor, teólogo y maestro nacido en Irlanda del Norte, enfocado en la proclamación fiel de la Palabra de Dios y en la exaltación de la persona y obra de Jesucristo.

Cimentado en una fe reformada y profundamente bíblica, su vida y ministerio están marcados por la convicción de que solo el Evangelio de la gracia tiene el poder para transformar corazones, edificar a la iglesia y dar gloria al Creador. Su vocación pastoral procura guiar a los creyentes a una fe madura, centrada en la suficiencia de la cruz y en la soberanía de Dios sobre todas las áreas de la vida.

Residente en la ciudad de Almería (España), sirve como pastor en la Iglesia Palabra de Vida, donde ejerce la predicación expositiva y el cuidado pastoral del rebaño. Junto a su esposa Ágota y sus cuatro hijos, procura reflejar los valores del Evangelio en su entorno familiar y en su servicio continuo a la comunidad creyente.

Con más de 20 años de trayectoria ministerial, Will Graham ha dedicado gran parte de su labor a la formación teológica del pueblo de Dios, promoviendo un estudio riguroso de la Biblia combinado con un sincero temor de Dios y devoción personal. Graduado con mención cum laude en Teología y con un Máster en Teología por el Seminario Reformado Latinoamericano, su trasfondo académico respalda un compromiso constante con la sana doctrina y el pensamiento bíblico.

Ordenado al ministerio evangélico en 2016, ha impartido clases en diversas facultades e institutos teológicos, entre los cuales destacan:

La Facultad de Teología de las Asambleas de España
La Escuela Teológica de Granada (España)
Campus 415 (España)
Siempre Reformando Academy (Chile)
El Instituto Paulina Internacional (Costa Rica)
Compromiso con la Edificación de la Iglesia.

Como docente, escritor y expositor de la Palabra, Will Graham busca conectar la verdad eterna de las Escrituras con los desafíos de la sociedad actual, siempre apuntando a Cristo como la única respuesta y esperanza para el ser humano. Su labor en la enseñanza bíblica y teológica tiene como propósito equipar a la iglesia para que viva con discernimiento, firmeza en la fe y una profunda adoración al Dios Triuno.

Mensajes / Devocionales

En el último artículo, defendí la personalidad del Espíritu Santo a partir del Antiguo Testamento demostrando que el Espíritu realiza toda una serie de actividades personales: habla, posee bondad, crea, enseña, envía/comisiona, se enoja y pastorea al pueblo del pacto. Hoy quisiera agregar siete observaciones más, pero esta vez me apoyaré exclusivamente en el Nuevo Testamento.

¿Listos? ¡Empecemos!

Uno: Se le asocia en igualdad con el Padre y con el Hijo. En la Gran Comisión, el Señor Jesús ordena que sus discípulos: Bauticen en el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu (Mateo 28:18-20). Si el Padre y el Hijo son personales, no tendría mucho sentido que el Espíritu no lo fuera. Por ejemplo: Id bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y de la electricidad. No encaja, ¿Cierto? Si el Espíritu está en la categoría del Padre y del Hijo, ha de ser una persona.

Dos: Se le puede mentir. Pregunta Pedro: ¿Por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo? (Hechos 5:3). ¿Acaso se puede mentir al agua o al lodo? Por supuesto que no. ¿Por qué no? ¡Porque no son personas!

Tres: Toma decisiones. En el Concilio de Jerusalén, los líderes de la iglesia dicen: Ha parecido bien al Espíritu Santo, y a nosotros, no imponeros ninguna carga más que estas cosas necesarias (Hechos 15:28). ¿Y si hubiesen dicho: Ha parecido bien a la gravedad, y a nosotros? Obviamente, si el Espíritu emite juicios y toma decisiones, es una persona.

Cuatro: El Espíritu prohíbe ciertas actividades. Increíblemente el Espíritu prohibió que Pablo predicara la Palabra en Asia (Hechos 16:6). Después no permitió que su equipo entrara en Bitinia. Si el Espíritu prohíbe una cosa y no permite otra, necesariamente es un agente personal. Lo impersonal no puede imponernos prohibiciones.

Cinco: Intercede por nosotros. Hay un texto particularmente hermoso en Romanos 8:26 que dice: El Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. ¡Qué bonito y consolador saber que el Espíritu de Dios ruega por nosotros y a través de nosotros en oración! El Espíritu intercede por todos los santos conforme a la voluntad divina. Una vez más llegamos a la conclusión de que el Espíritu es una persona.

Seis: Tiene intenciones. Si leemos el siguiente versículo, se nos dice que Dios sabe cuál es la intención del Espíritu (Romanos 8:27). El Espíritu tiene una intención, por tanto, es una persona. 1 Corintios 12:11 se refiere a la voluntad del Espíritu de forma muy clara: Estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como Él quiere. Él Espíritu posee voluntad propia porque es una persona.

Siete: Posee intelecto. El último versículo para hoy es 1 Corintios 2:10: El Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios. El Espíritu puede examinarlo todo porque Él es una persona divina. De nuevo nos preguntamos, ¿Acaso puede la electricidad estudiar? Por supuesto que no. El Espíritu investiga todo a fondo porque Él es un agente personal.

En suma, el Espíritu Santo no es una simple fuerza, sino una bendita persona divina. Tanto el Antiguo Testamento como el Nuevo dan testimonio de esta preciosa verdad.

Pastor Will Graham

Los Testigos de Jehová enseñan que el Espíritu Santo no es una persona divina, sino una especie de fuerza impersonal que emana de Dios. Para ellos, el Espíritu es algo como la electricidad.

No obstante, la Escritura revela que el Espíritu de Dios realiza toda una serie de actividades personales. Como regla general, los evangélicos recurrimos al Nuevo Testamento, pero esta doctrina se encuentra claramente articulada en el Antiguo Testamento también.

Aquí tenéis algunas pruebas:

La primera: En 2 Samuel 23:2, el dulce cantor de Israel David escribe: El Espíritu del Señor ha hablado por mí, y su palabra ha estado en mi lengua. ¿Cómo puede el Espíritu hablar si no es una persona? ¿Acaso habla el agua, la fuerza nuclear fuerte, la gravedad, el magnetismo o la electricidad? ¡Por supuesto que no! El Espíritu habla porque Él sí es una persona.

La segunda: Nehemías 9:20 y Salmo 143:10 describen a la tercera persona de la Trinidad diciendo que Él es el buen Espíritu. Esto significa que el Espíritu posee bondad, un atributo que solamente se aplica a seres morales. Las fuerzas impersonales, por definición, no pueden ser ni buenas ni malas en el sentido ético. Por ejemplo, ¿Es la fricción moralmente buena o mala? La pregunta carece de sentido porque la fricción, al ser impersonal, no es un agente moral. El Espíritu Santo, sin embargo, es bueno porque Él sí es una persona.

La tercera: Si volvemos a fijarnos en Nehemías 9:20, descubriremos otra actividad personal. Se lee: Enviaste tu buen Espíritu para enseñarles. El Espíritu Santo es nuestro maestro. Enseña al pueblo de Dios. Si fuera una simple fuerza impersonal, ¿cómo podría desempeñar un ministerio de enseñanza?

La cuarta: Job 33:4 declara que el Espíritu de Dios crea: El Espíritu de Dios y el soplo del Omnipotente me dio vida. Esta declaración, además de subrayar la personalidad del Espíritu, revela que Él es Dios porque, ¿Quién puede crear de la nada sino solo el Altísimo? El Espíritu crea porque es tan poderoso como inteligente. Una vez más, Él sí es una persona.

La quinta: Envía y comisiona. En palabras de Isaías 48:15: Ahora me envió el Señor, y su Espíritu. Muchas tradiciones cristianas interpretan este texto como una alusión al mesías, es decir, el Señor y su Espíritu envían y comisionan al mesías. En este sentido, se podría considerar como un texto trinitario. Pero el punto es que el Espíritu necesita ser personal para poder enviar y comisionar al mesías. Sucede algo parecido en Hechos 13:2.

La sexta: Experimenta emociones. Escrito está: Ellos fueron rebeldes, e hicieron enojar su Santo Espíritu (Isaías 63:10). ¿Cómo puede el Espíritu experimentar emociones tales como el enojo o la tristeza (Efesios 4:30) si no es una persona? ¿Acaso puede enojarse la leche o una mesa o mi celular? ¡Desde luego que no! El Espíritu se enoja porque es un ser personal.

La séptima y la última: El Espíritu pastorea al pueblo de Dios. Dice Isaías 63:14: El Espíritu del Señor los pastoreó, como a una bestia que desciende al valle. El buen Espíritu se encarga de dirigir y guiar al pueblo del pacto. ¡Él es bueno! ¿Y qué es lo que tienen en común todos los pastores? ¡Que son personas!

Amados: los Testigos de Jehová están muy, pero muy equivocados. El Espíritu Santo no es una fuerza impersonal, sino una bendita persona.

Pastor Will Graham.

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